por qué comemos cuando nos sentimos ansiosos y qué hacer al respecto

LO MÍO NO ES HAMBRE, ES ANSIEDAD, Dra. Vidales, 2011

Hola Persona Humana!

La ansiedad es un síntoma de que algo te agobia, te preocupa o te angustia (el trabajo, la familia, los estándares sociales, etc.) y está generando una intensa emoción, pero al no utilizar las herramientas adecuadas para canalizarla, puede conducirnos a una respuesta rápida que relaja momentáneamente: la comida.

Es una manera de getionar la ansiedad ámpliamente aceptada socialmente. Podemos verlo hasta en las películas, cuando la protagonista se come un bol enorme de helado porque le ha dejado su pareja.

En este caso el acto de comer no tiene una función nutricional, sino que es un “efecto secundario” provocado por la pérdida de control del proceso natural de alimentarnos, así que vamos a enumerar algunas diferencias entre el hambre emocional y el hambre fisiológica (o hambre real) para poder identificar estas conductas, anticiparnos y así poder gestionar la ansiedad con otras estrategias.


1. El hambre fisiológica aparece de forma gradual y somos capaces de esperar para
alimentarnos, sin embargo, el hambre emocional ocurre de forma brusca y no podemos posponer la ingesta porque ¡lo queremos ya!

2. El hambre fisiológica responde a unos horarios habituales y la comida elegida
es saludable y nutritiva
(por ejemplo, una pieza de fruta te deja satisfecho),
pero el hambre emocional no responde a un horario, tampoco tiene en cuenta los nutrientes ni la energía (se suele elegir comida muy energética, hiperpalatable y poco saludable: snacks salados, bollería, etc.).

3. Con hambre fisiológica eres capaz de controlar las cantidades siendo consciente de lo que te llevas a la boca.Cuando tu estado de ánimo influye en la cantidad que comes y lo haces de forma descontrolada en un corto espacio de tiempo, se trata de hambre emocional.

4. Además, estamos ante hambre emocional cuando no disfrutas realmente de los alimentos, sientes culpabilidad y malestar. Mientras que cuando es hambre fisiológica saboreas, disfrutas y no te sientes culpable al terminar.

5. Por último, cuando es hambre emocional te sientes desagradablemente lleno,
pero ante el hambre fisiológica te sientes satisfecho sin estar incómodo.

Pongamos un ejemplo claro: ¿Repentinamente te apetece un donut, un helado o unas patatas fritas? Te ofrezco un guiso (carne, pescado, verdura) pero no lo quieres? Quieres el donut, el helado o las patatas y lo quieres ya, ahora mismo? No tienes hambre, tienes ansiedad.

¿Qué hacer ante un ataque de hambre emocional?

Si identificamos una situación de hambre emocional tenemos que actuar inteligentemente. Racionalmente sabemos que comer no nos va a hacer desaparecer los problemas, pero las emociones son muy fuertes y no debemos enterrarlas.

El primer paso, pues, es no ser duro con uno mismo. Debemos ser amables, decirnos algo así como «tranquilo/a, es normal tener ansiedad por todo lo que estoy pasando. Siempre he reaccionado comiendo pero esta vez me voy a esperar cinco minutos antes de hacerlo».

Se sabe que es una técnica muy eficaz el no negarse la respuesta de ansiedad, sino posponerla. 5 minutos. Cuando pasan estos 5 minutos, te das otros 5, y así, sin darte cuenta, ha pasado mucho tiempo y, con el tiempo también la ansiedad tan grande que traías. Quizás a los 10 minutos ya no puedas aguantar más y comas algo, pero no pasa nada, es un entrenamiento para la siguiente vez que te suceda, para que puedas ir dejando espacios cada vez más largos entre tu impulso y la respuesta de comer.

Algunas cosas que puedes hacer para posponer el refuerzo (como decimos en psicología, puesto que la comida emocional es un refuerzo positivo, algo que percibimos como agradable):

  • Salir a dar un paseo, al parque, a algún lugar tranquilo
  • Escuchar música
  • Leer un libro
  • Ver una serie, una película
  • Meditar (tienes aplicaciones muy buenas para este fin, como headspace)
  • Beber un buen trago de agua (¡muchas veces confundimos la sed con el hambre! Sentir el estómago lleno nos aliviará mucho la ansiedad)
  • Ordenar la casa
  • Llamar a un amigo con el que hace mucho que no hablas, aprovechar para reconectar
  • Ir al gimnasio
  • Dibujar, pintar, coser, construir, hacer un puzle, etc
  • Echarte una siesta si además de ansiedad sientes cansancio, algo que muchas veces va de la mano

Y la solución más milagrosa de todas es, en mi opinión, una ducha de agua fría, dados sus múltiples beneficios, entre los que se encuentra mejorar el estado de ánimo al elevar los niveles de noradrenalina, dopamina y betaendorfinas, mejorando la vigilia y la atención. Toda esta liberación inmediata de neurotransmisores convierte a las duchas frías en un tratamiento efectivo contra síntomas de ansiedad y depresión, porque te da una sensación increíble de auto-control. Además, regula el sistema inmune y aumenta el metabolismo (el gasto energético, lo que supone quemar más calorías).

En definitiva se trata de buscar tareas o actividades que supongan una ocupación, una liberación de ese estrés retenido y unos momentos dedicados a ti.

En el caso de que la situación te desborde y no te veas capaz de afrontarla solo/sola, siempre tienes a tu disposición a profesionales en el ámbito de la psicología que podrán ayudarte con una intervención a medio-largo plazo. Al igual que vamos al médico cuando nos duele algo también es importante curar los dolores que llevamos en el alma.

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