alimentación autorregulada en bebés

SIN DIENTES Y A BOCADOS: EL LIBRO IMPRESCINDIBLE DE INICIACIÓN AL BABY LED WEANING, Juan Llorca y Melisa Gómez, 2021

Hola Persona Humana!

La pediatra Clara Davis, autora de «The self-selection of diets by young children«, en castellano «La autoselección de las dietas por niños pequeños» puso patas arriba las directrices de alimentación infantil de la época haciendo el estudio más largo, completo y exahustivo de la historia sobre la alimentación infantil.

Su estudio se presentó en 1939 en Estados Unidos.

La dra. Clara M. Davis era una pediatra que se hizo cargo de 15 niños recién destetados cuyas madres no tenían recursos económicos para sacarlos adelante. Estos 15 niños fueron seguidos de forma exhaustiva durante el tiempo que estuvieron a su cuidado, entre 6 meses (el que menos tiempo estuvo en el estudio) y 4 años y medio (el que más).

En este tiempo se registró cada gramo de comida que ingerían, cada deposición que hacían, analíticas de control, estudios radiográficos, peso y medida de los niños, etc. Se calcula que se hicieron un total de entre 37.000 y 39.000 registros de comida.

Durante el estudio, se les ofrecía a los niños alimentos que formaban parte de una lista de 33, en los que se incluían todos los grupos de alimentos. Éstos eran servidos cocinados puros (sin mezclar) de formas sencillas, sin aliño de ningún tipo (la sal se les servía a parte) y presentados de forma que los niños pudieran ser autónomos a la hora de comer.

Aunque eran acompañados por el personal del centro, no se permitía ningún tipo de indicación o señal, ni del tipo ni de la cantidad de comida que los bebés podían elegir para consumir. Si el niño no quería comer solo, el personal que lo acompañaba le daba de comer, respetando lo que el bebé señalaba que quería comer, y también dejando de ofrecer alimentos cuando el bebé daba alguna indicación de que no quería comer más.

Los 33 alimentos se distribuían en 3 ó 4 comidas y en cada una de ellas había representación de varios alimentos de cada grupo (proteínas de origen animal, cereales, verduras y frutas, leche).

La selección tanto de la cantidad, como del tipo o de las combinaciones de alimentos a tomar era libre completamente por parte de los bebés, y cuidadosamente anotada por sus cuidadores. «Las órdenes de las enfermeras eran sentarse tranquilamente, con una cuchara en la mano y no hacer ningún movimiento para no predisponer a los bebés hacia ningún alimento» .

Algunos de los niños estaban enfermos cuando llegaron a sus manos: había varios casos de desnutrición, bajo peso o raquitismo.

Baby led weaning o alimentación infantil autorregulada

¿Qué se observó?

1- Todos los niños se recuperaron de su déficits nutricionales, demostrado con estudios analíticos y radiológicos.

2- La cantidad de kCal/día ingeridas estaban siempre dentro de lo considerado aceptable, tanto diariamente como cuando se hacía el cálculo en periodos de 6 meses, o cuando se calculaban las kCal por kilogramo de peso de cada niño.

3- La cantidad de kCal ingeridas por los niños desnutridos sobrepasaba la media en un principio, para estabilizarse después cuando se recuperaron.

4- Los niños adaptaban la cantidad de kCal ingeridas a sus necesidades energéticas en cada etapa de crecimiento.

5- Ninguno de los niños estaba especialmente gordo o delgado, todos tenían normopeso.

6- La distribución media de nutrientes era: 17% proteínas, 35% grasas y 48% carbohidratos. La cantidad de proteínas disminuía con la edad en relación a una mayor actividad física y a una menor necesidad de “construcción “ corporal. Las proteínas seleccionadas siempre eran las de mayor valor biológico.

7- Incluso en niños con unos consumos nulos o mínimos de leche durante periodos prolongados, la mineralización ósea observada en las radiografías era perfecta, lo que indicaba que los niños eran capaces de extraer el calcio necesario de otras fuentes diferentes a los lácteos.

8- Ninguna de las 15 dietas se parecía ni remotamente a las otras, y sin embargo todas era igualmente equilibradas. Cada niño adaptaba sus necesidades nutricionales a sus gustos.

9- En caso de enfermedad (pocas, a penas unos catarros y ninguna diarrea ni enfermedad seria) se producía una pérdida de apetito 24 – 48 horas anterior al brote de la enfermedad y el apetito se recuperaba 12 horas antes de que la enfermedad cediera del todo. Eso fue tan consistente que les permitió a los médicos predecir enfermedades.

10- El apetito, así como la selección de alimentos aparentemente errática, se demostró ser válida no obstante. Es decir, aunque el adulto no entendiera las elecciones, las respetaba, y los niños demostraron que eran capaces de elegir un menú equilibrado y adecuado a ellos.

11- Los diferentes gustos se fueron puliendo con los días; los primeros días lo probaban todo, incluyendo la bandeja, la cuchara o el papel, pero poco a poco cada uno fue desarrollando sus preferencias.

La propia autora indica que su estudio tiene un truco: la lista de alimentos ofrecidos eran todos de indudable valor alimenticio y, por tanto, aunque el método de ensayo y error de los niños diera lugar a «equivocaciones», éstas no podían ser muy graves.

¿Por qué hacer algo tan extraordinario?

En la primera parte del siglo XX, se abrió un campo de batalla nutricional entre los pediatras obsesionados con la ciencia y los niños notablemente rebeldes.

Armados con evidencia creciente del campo emergente de nutrición, los médicos comenzaron a recetar con precisión qué, cuándo y cuánto debería comer un niño para estar sano. Los niños a menudo respondían a las dietas ordenadas por el médico cerrando y negándose a comer nada.

Por su parte, algunos médicos respondieron a las huelgas de hambre de los niños declarando la guerra y poniendo a los niños en lo que literalmente era una dieta de hambre hasta que se sometieran a comer comidas autorizadas por ellos.

Un doctor de la época estimó que entre el 50% y el 90% de las visitas a los consultorios de pediatras involucraban a madres que estaban frenéticas por la negativa de sus hijos a comer.

En consecuencia, Davis ideó el experimento de autoselección de dieta por niños pequeños para dejar que éstos decidieran por sí mismos, porque sospechaba que los cuerpos de los niños instintivamente «sabían» lo que debía comer. Su modelo intelectual, una visión que luego se llamaría «la sabiduría del cuerpo«, comparó el apetito instintivo de un niño con la forma en que varios sistemas autónomos del cuerpo se ajustan sin esfuerzo para compensar los desafíos externos: por ejemplo sudar en un día caluroso o respirar más rápido cuando empiezas a correr.

Como apuntó la doctora Davis en su informe, «puede confiar en el apetito de un niño virgen para elegir una dieta saludable si le sirve una variedad razonable y equilibrada de alimentos naturales y sin refinar, que disfrutará de comer»

En resumen, si dejas al alcance de tu bebé sólo alimentos saludables, el bebé sabrá de manera autónoma: qué, cuánto y cuándo comer, tal como sucede con todos los animales que viven en la naturaleza.

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