hola Persona Humana,

no sé si será una casualidad, pero en una semana, tres personas me han dicho que en algún momento del verano han padecido gota.

La gota es un tipo de artritis causada por un exceso de ácido úrico en la sangre. Cuando la concentración de ácido úrico es demasiado elevada, se forman cristales de urato, que se acumulan en las articulaciones y causan inflamación y un dolor intenso. Los ataques de gota normalmente se presentan de forma repentina y sin aviso, y suelen durar entre 12 y 24 horas. El dedo gordo del pie es la articulación más afectada, pero los ataques de gota también pueden presentarse en los tobillos, las rodillas, las manos y las muñecas. Si no se tratan, estos ataques se producirán con más frecuencia y podrían, con el tiempo, causar deformaciones y daños permanentes en las articulaciones.  Personas con obesidad, diabetes, hipertensión, con una mala función renal son más propensas a sufrir gota.

La incidencia de esta enfermedad ha aumentado en un 50% en los últimos 20 años en los países desarrollados según se desprende de un estudio realizado por la Sociedad Española de Reumatología (SER).

El 85% de los enfermos de gota son hombres mayores de 40 años por lo que es la principal causa de artritis en adultos. aunque también prevalece entre las mujeres después de la menopausia. Como está vinculada al consumo excesivo de alimentos pesados, anteriormente se la conocía como la enfermedad de los reyes.

A medida que la investigación científica comienza a comprender más plenamente la increíble profundidad de la relación entre la elevación del ácido úrico y, como hemos mencionado anteriormente, algunos de los problemas metabólicos más agresivos de nuestra sociedad, incluyendo la diabetes, la resistencia a la insulina, la obesidad, la hipertensión y la dislipidemia, es importante dar un paso atrás y preguntar, ¿cómo se convirtió el ácido úrico en el actor central de estos problemas?

Para entender el cómo y el por qué del ácido úrico, tenemos que remontarnos a un lugar en el tiempo en el que nuestros ancestros primates no manifestaban los mecanismos biológicos para la acumulación de ácido úrico.

Y de hecho, tenemos que retroceder mucho. Hace entre 15 y 17 millones de años, durante el Mioceno, la temperatura de la Tierra experimentó un descenso progresivo, que se tradujo en una amenaza para la disponibilidad de alimentos para estos primates primitivos.

A lo largo de varios millones de años, se produjeron adaptaciones que permitieron a nuestros antepasados fabricar grasa, almacenarla y aumentar su producción endógena de azúcar en sangre: la glucosa.

Los primates que experimentaron cambios genéticos que permitieron estas adaptaciones metabólicas fueron los que sobrevivieron.

Ahora estamos empezando a comprender exactamente en qué consisten esos cambios genéticos. Los mamíferos suelen hacer frente a la acumulación de ácido úrico utilizando una enzima llamada uricasa. La uricasa descompone el ácido úrico para que pueda ser excretado como alantoína. La serie de mutaciones en nuestros antepasados primates que tuvieron lugar hace millones de años acabó por desactivar la enzima uricasa, lo que sentó las bases para la acumulación de ácido úrico. Así pues, todos los descendientes de estos primates primitivos, incluidos los chimpancés, los orangutanes y los bonobos, así como nosotros, los humanos, carecemos de la enzima uricasa. Así que, a diferencia de la mayoría de los otros mamíferos, acumulamos ácido úrico hasta el punto de que nuestras concentraciones de ácido úrico en sangre y las encontradas en los grandes simios son al menos 10 veces más altas que en otros mamíferos. Y es este cambio genético o adaptación el que permitió a estos primates la capacidad de fabricar grasa, almacenarla y crear glucosa cuando la necesitaban. Esto permitió su supervivencia frente a un estrés ambiental, la falta de disponibilidad de alimentos. En esencia, se trataba de una situación de «supervivencia del más gordo».

La vía, entonces y ahora, hace que el ácido úrico aumente en presencia de fructosa en la dieta. Y lo que resultó ser un poderoso mecanismo de supervivencia para nuestros antepasados, ahora, ante la abundancia de alimentos, es fundamentalmente relevante en términos de nuestros problemas más desafiantes desde la perspectiva de la salud. Este mecanismo de supervivencia del pasado es una poderosa amenaza para la salud humana en nuestro mundo moderno.

Uno de los aspectos más amenazadores del ácido úrico elevado es cómo potencia la resistencia a la insulina. Hoy en día, la lucha contra la resistencia a la insulina es, sin duda, una cuestión prioritaria en relación con nuestro objetivo de mantener normalizados los niveles de azúcar en sangre. Pero en el contexto de nuestros lejanos ancestros, volverse resistente a la insulina era en realidad otro mecanismo de supervivencia, ya que conducía a niveles más altos de insulina, favoreciendo de nuevo el almacenamiento de grasa y el aumento del apetito. En nuestro mundo moderno, estas son cosas de las que podemos prescindir.

Si entendemos que el ácido úrico es el producto final del metabolismo de la fructosa, no es de extrañar que en los últimos 100 años los niveles de ácido úrico se hayan disparado al mismo tiempo que el consumo de azúcar. El azúcar de mesa está compuesto en un 50% por fructosa y, como tal, su mayor consumo ha conducido a una dramática elevación del ácido úrico, lo que se traduce en un mayor riesgo de las mismas situaciones en las que no queremos encontrarnos, como ser hipertensos, tener sobrepeso, ser diabéticos o tener problemas de dislipidemia como el colesterol elevado.

A medida que avanzamos y aprendemos más sobre los efectos metabólicos del ácido úrico y su relación con varios estados de enfermedad, así como lo que podemos hacer desde una perspectiva de estilo de vida para controlar el ácido úrico, es importante recordar la historia de cómo llegamos aquí. De nuevo, no es que el ácido úrico sea necesariamente malo, ni tampoco el almacenamiento de grasa o la resistencia a la insulina. En realidad, todo depende del contexto. Lo que una vez fue favorable y ventajoso ahora nos amenaza en términos de condiciones degenerativas crónicas, las causas número uno de muerte en nuestro planeta.

Un comentario en “ácido úrico

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