DIETA CETOGÉNICA, EL PROTOCOLO DE UNA ALIMENTACIÓN EFECTIVA, Carlos y Ricardo Stro, 2019

Seguimos!

Hola! A principios del siglo XX, el científico ruso Nikolai Anitschkow realizó un experimento con conejos: les dio una dieta alta en grasas. A los conejos se les llenaron rápidamente las arterias de grasa y murieron de ECV (enfermedad cardiovascular). Seguidamente, Anitschkow extrapoló sus resultados a los humanos, afirmando que una alimentación alta en grasa saturada causaba enfermedad cardíaca. Sin embargo, su hipótesis fue desmentida cuando los resultados no pudieron replicarse en monos, ni en perros, ni por supuesto tampoco en humanos. Y es que sencillamente, ¡nosotros no somos conejos!

Un conejo es herbívoro y por ello evolucionó con un intestino diseñado para llevar una alimentación exclusivamente vegetal con 0 ingesta de grasas de ningún tipo. Los humanos (más allá de las elecciones individuales) somos omnívoros, y nuestros genes evolucionaron bajo las condiciones de comer proteína y grasas animales, junto con frutos secos, huevos, verduras, raíces, frutas y semillas.

A pesar de no convencer por esa época, Anitschkow sentó las bases de algo que estaba por llegar: la batalla contra las grasas.

En 1958, el epidemiólogo norte americano Ancel Keys retomó la idea y realizó el famoso Estudio de los siete países, en el que pretendía demostrar que a mayor consumo de grasas, mayor número de muertes por ataque al corazón.

Yendo al grano y resumiendo, los dos principales errores del estudio de Keys fueron:

1- deliberadamente manipuló los datos, omitiendo los otros quince países que no corroboraban los resultados que él quería demostrar, reduciendo el estudio de 22 a 7 países.

2- omitió el consumo de azúcar como factor a considerar entre las variables, ignorando deliberadamente el hecho de que el alto consumo de carbohidratos era lo que realmente iba de la mano con el aumento de la enfermedad cardiaca.

Yo me pregunto: si hoy en día todo esto ya se sabe ¿Por qué entonces las autoridades e instituciones oficiales no toman las medidas oportunas y siguen recomendando a la gente que “reduzca su consumo de grasa saturada”?

A pesar de que se realizó en 1958, los resultados del estudio de Keys no se publicaron hasta 1980 en la portada de la revista Time, por cuestiones de oportunismo político. Así, asociaciones que supuestamente velan por la salud de los ciudadanos de a pie, como la Organización Mundial de la Salud y las Asociaciones Norteamericanas del Corazón, la Diabetes y la Asociación Médica (AHA, ADA y AMA respectivamente), abrazaron la hipótesis de Keys como verdad absoluta.

Las consecuencias han sido devastadoras para el mundo entero. Empezando por la pirámide nutricional que todos conocemos, con los carbohidratos en la base, hemos basado cuarenta años de recomendaciones nutricionales, educación e información en un estudio MANIPULADO que demoniza las grasas.

Y, sin embargo, las ECV no han hecho sino aumentar, de la mano de la obesidad y todo tipo de enfermedades metabólicas.

Y desde entonces seguimos sin poder absolver de culpa a las grasas, pues ya está en el inconsciente colectivo el mito de que “son dañinas y elevan el colesterol“.

Pero la realidad es bien distinta: evolucionamos como seres lipívoros: y las miles de generaciones humanas que vivieron sin tener agricultura llevaban una dieta rica en grasas animales y algunas grasas vegetales – por ejemplo las que se encuentran fácilmente en el coco o el aguacate. Nuestros genes contienen esa información.

Las grasas de la comida real son de hecho necesarias para la salud de nuestro cerebro (nuestras habilidades cognitivas) y el equilibrio endocrino (son parte importante, sobre todo, de la construcción de nuestras hormonas sexuales, por lo que una ingesta adecuada de grasas también influye en la fertilidad y la salud sexual).

Así, el colesterol es un tipo de grasa fundamental que correlaciona con la longevidad. Gran parte del colesterol que encontramos en nuestro cuerpo es fabricado por el hígado, y otra parte menor proviene de los alimentos que comemos. Dado que el colesterol no es hidrosoluble (no puede disolverse en agua), es transportado en la sangre por lipoproteínas, que van llevando el colesterol hacia las distintas partes del cuerpo conforme se va necesitando para elaborar hormonas, producir la bilis que facilita la digestión, etc. Estas lipoproteínas van variando su tamaño según la cantidad de colesterol que están transportando, de ahí viene la idea de los “dos tipos de colesterol”, el de alta y el de baja densidad (HDL y LDL respectivamente), supuestamente el “bueno” y el “malo”.

Además, cuando hay un daño o inflamación en una arteria u otra parte del cuerpo, el colesterol actúa ayudando a desinflamar y cicatrizar, es decir, colabora en la renovación de partes inflamadas o dañadas del cuerpo. Las lipoproteínas lo transportan en mayor o menor cantidad, pero eso no quiere decir que una sea “buena” y otra “mala”: eso sería como decir que una ambulancia que sale del hospital a recoger un paciente, es “mala” cuando va vacía y “buena” cuando ya lleva al paciente dentro. Con el colesterol es parecido: se trata de dos partes del mismo sistema, y pretender que un transportador de la misma molécula es “bueno” o “malo” según la cantidad que en ese momento transporta es un sinsentido.

Los estudios no dejan de demostrar una y otra vez que ni la ingesta de grasas ni el LDL-C (colesterol “malo”) tienen relación alguna con el aumento de los ataques al corazón de la población actual: en cambio, es la alta elevada ingesta de carbohidratos, en especial azúcares provenientes de alimentos procesados, los que sí causan un alto grado de inflamación a nivel celular, inflamación arterial, y finalmente, ataques al corazón.

Cuando existe una alimentación muy alta en hidratos – ¡lo que en verdad sí causa daño arterial y cardiovascular! – podemos encontrar un nivel elevado de colesterol en sangre porque, como hemos dicho, el colesterol está constantemente intentando reparar el daño inflamatorio provocado por la dieta alta en hidratos. Pero la presencia del colesterol ahí, se ha confundido con la causa del daño: es como culpar al camión de bomberos por los incendios, simplemente porque hemos observado que cuando hay incendios también coincide con la presencia del camión de bomberos.

Es fácil confundirse con la idea de que “la grasa que comemos se convierte en grasa en el cuerpo”. Pero en realidad sucede todo lo contrario: cuando disminuimos el consumo de hidratos y aumentamos el de grasas, entonces el cuerpo puede utilizar eficientemente las grasas como combustible (tanto la grasa de los alimentos como también movilizando las reservas de grasa corporal excesiva para utilizarla como combustible).

Por ello, la medición del colesterol total no fue jamás un buen indicador de riesgo al corazón: mucho mejores indicadores son la hemogloblina glicada, la resistencia a la insulina en sangre o la proteína C reactiva (ya que un alto nivel de insulina en sangre puede causar a la larga inflamación crónica, enfermedades metabólicas y auto-inmunes y riesgo cardiovascular).

¿Por qué entonces los estamentos oficiales y los sistemas de salud de tantos países siguen fomentando la idea equivocada y demonizando las grasas? A la poderosa industria de las estatinas – los medicamentos que fuerzan una reducción del nivel de colesterol – no le conviene que cambiemos de idea. Está demostrado, además, que estos medicamentos pueden causar innumerables efectos secundarios (entre ellos daños neurológicos como pérdida progresiva de la memoria o depresión) como diabetes tipo 2, causando así justamente un daño mucho más grave que sí aumentará severamente el riesgo cardiovascular, lo que supuestamente pretende evitar…

Lo que realmente previene de enfermedades metabólicas y ataques cardiacos no se pueden vender y no da dinero: se llaman hábitos saludables: una alimentación basada en comida real con ingredientes de calidad, saber manejar el estrés, contacto con la naturaleza, respetar los ritmos circadianos, dormir bien o hacer ejercicio a diario. Nada de eso beneficia a las industrias, que prefiere que sigamos creyendo que “la grasa es mala”, que “el colesterol es malo”, y que les sigamos comprando productos procesados “bajos en grasa” y más estatinas. Quieren una población perpetuamente enferma.

Reconozco que esta idea puede costar de creer. Cuesta cambiar la mentalidad cuando nos han bombardeado durante cuarenta años con el mito de que las grasas son el enemigo. Sin embargo, hoy en día la información está al alcance de todo el mundo. Ya no podemos seguir engañados. Es nuestra responsabilidad aprender y educarnos y volver a darle a nuestro cuerpo lo que espera y lo que de verdad precisa.

Quiero terminar con la cita del Dr. George Mann, que se refirió al mito del colesterol como “la mayor mentira científica de nuestros tiempos”.

Gracias por seguir ahí!

2 comentarios en “la mentira de las grasas y el colesterol

  1. Hola Mar, tienes razón en lo que expones en tu artículo, desde hace 10 años yo como muy poco carbohidrato, sólo algunas verduras, como zanahoria y calabaza, alguna fruta, manzana kiwi, no todos los días, grasas de coco, mantequilla ecológica, aceite oliva Virgen, carne, pescado y huevos , pero……..mi colesterol sube cada año más, ahora tengo 310, los triglicéridos 45, el azúcar 90, la C reactiva muy baja, y lo que más me asombra es que la B12 está en 1404. Mi sistema nervioso está muy alterado, tengo hambre a todas las horas. ¿Puede ser que mi metabolismo sea de comer más hidrato? Perdona Mar si me he extendido. Gracias por tu trabajo.

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    1. hola Carmen,
      gracias por ponerte en contacto conmigo, no te has extendido, tranquila, te has explicado bien. Primero decir que no soy médico, pero te daré mi opinión no profesional: no hay que tenerle miedo al colesterol, viendo que tus triglicéridos están bajos, ya que ese es el valor que realmente es “peligroso”. También decirte que no todo el mundo es igual de sensible a las grasas saturadas. Te recomiendo que escuches el podcast 261 de fitness revolucionario (hablan del tema a través de una pregunta de una oyente) y el número 218 (en el que Marcos Vázquez debate con el doctor Jorge García-Dihinx el papel de todos los valores de las analíticas respecto al colesterol). Puedes encontrarlos en plataformas como Ivoox, Apple podcast o Spotify. Si tienes la Proteína C reactiva baja significa que NO tienes inflamación sistémica o de bajo grado , lo cual es otra buena noticia. ¿A qué te refieres diciendo que tu sistema nervioso está alterado? ¿Quizás tienes hambre por un tema de estrés? Prueba a meditar todos los días un ratito, hay aplicaciones que te van guiando como Headspace o Waking Up.
      No sé si te he ayudado demasiado, es un tema complejo.
      Un saludo, Mar

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