THE TRAGEDY OF HAMLET, PRINCE OF DENMARK, William Shakespeare, 1603

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Hola, de acuerdo con la RAE, «procrastinar» (voz creada en su origen a partir del adverbio «cras» ‘mañana, el día siguiente’) se difine como “diferir, aplazar, posponer”.

La procrastinación, para que nos entendamos, se refiera a dejar de hacer lo que sabemos que es importante para nosotros. Va asociada a sentimientos y sensaciones de falta de control, frustración, remordimiento o debilidad de confianza personal.

Y a la larga genera acumulación de tareas, pérdida de objetivos y metas y abandono de planes y de proyectos personales.

Y, si es tan negativo a nivel emocional y práctico, entonces, ¿por qué procrastinamos?

Mucha gente se cree que es por falta de voluntad, por pereza o por preferencia hacia otras actividades.

Pero lo cierto es que todos hemos procrastinado alguna vez, y sabemos que nada de lo anterior es cierto.

Entonces… ¿por qué lo hacemos?

Aquí tienes la respuesta: procrastinamos para evitar ciertas emociones que asociamos con experiencias negativas o incómodas. Es un mecanismo de defensa. Lo que crees que sentirás si haces esa acción, es lo que te impulsa o te detiene.

Es decir, si intuyes que esa conversación pendiente te hará sentir mal, la evitas; si intuyes que hablar en público te hará pasar vergüenza, lo rechazas; si intuyes que pintar tu apartamento te resultará aburrido, lo pospones; y así con un montón de ejemplos, cada cuál los suyos. Cada uno tenemos nuestra parcela de “tareas pendientes”, lo que para uno es atractivo para otro puede parecer aterrador.

Por eso dicen los expertos que la procrastinación afecta a tu identidad, porque terminas creyendo que eres “ese tipo de persona que no hace ese tipo de cosas”.

Entonces, ¿qué se puede hacer para gestionar esa emociones que están en la base de la procrastinación?

El principal secreto suele radicar en tomar acción, en dar el primer paso. Una vez empiezas, te vas dando cuenta la mayoría de veces que no era todo tan negativo como te habías imaginado. Empieza despacio, poco a poco, experimenta esa sensación, no pasa nada, todo está bien.

No seas tan exigente contigo mismo, es normal que cuando hagas algo por primer vez no te salga perfectamente, y está bien que sea así. La experiencia es un grado, como dicen, y nadie nace aprendido.

Lee, infórmate, revisa a los expertos en aquello que quieres hacer. Acepta consejos, guías, y después encuentra tu propia manera de hacerlo. Sentirá una gran liberación al sentir que eres tú mismo y que te estás expresando a través de lo que haces.

Sé constante una vez hayas empezado a hacer lo que tanto temías verás como vas ganando seguridad, no te distraigas de tu objetivo -aquello que quieres conseguir-, sé consciente de cómo van cambiando tus emociones -y las etiquetas negativas que usabas para describirlas-, verás como entras en una rueda de productividad, autoconfianza y satisfacción que transformará tu identidad.

No digo que sea fácil, pero si hablas con cualquier persona que ahora mismo consideres un experto en algo, seguro que te cuenta cómo al empezar con esa actividad, hace 20 años -por ejemplo- estaba perdido y lleno de inseguridad.

Que esa emoción no te frene, no pasa nada por sentir incomodidad, avanza para encontrar otra sensación y verás que como “comer y rascar, todo es empezar”.

Gracias por estar ahí!

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