MADAME BOVARY, Gustave Flaubert, 1856

Seguimos!

Hola, ¿la expresión “falta de voluntad” no te parece algo injusta, incluso fea? ¿Crees como yo que sólo se inventó para hacerte sentir mal?

En mi opinión, detrás de la voluntad hay realidades que nada tienen que ver con el libre albedrío, aquí te lo explicaré. Más bien tienen que ver con la falta de conocimiento profundo de lo que estás haciendo, de sus procesos o de sus consecuencias o resultados.

¿A qué me refiero con todo ello?

Veamos, si el médico te dice que dejes el gluten o que hagas deporte, seguro que te da una pequeña explicación -máximo 5 minutos- a su recomendación. Pongamos que tú la aceptas, te vas a tu casa motivado y la pones en práctica. ¿Qué pasará al cabo de dos o tres semanas? Que la pequeña explicación se te habrá medio olvidado, que la motivación inicial habrá desaparecido, que te apetecerá comerte una madalena de las de toda la vida y que te dará pereza ir al gimnasio todos los días. Tus viejos hábitos estarán llamando a la puerta de tu vida, querrás volver a hacer las cosas como siempre y le quitarás importancia al valor de la recomendación inicial.

¿Te suena? A mi sí, porque es lo que nos suele pasar a la mayoría. ¿Falta de voluntad para, por ejemplo, llevar una vida saludable, hacer lo que te dicen que es lo mejor para ti? Antes pensaba que sí, pero hoy pienso de forma totalmente distinta, porque yo misma he experimentado un gran cambio en mi propia “fuerza de voluntad” y me he dado cuenta de lo que hace falta tener para no necesitar voluntad.

Creo que lo que sustituye a la voluntad es el conocimiento profundo, integrado, de lo que vas a hacer. Es decir, es necesario otorgarle sentido: informarse, asimilar esa información, transformar tus creencias y valores, integrar, transformarse, cambiar incluso de identidad, y, una vez lo tengas claro, pasar a planificar y a implementar el cambio de hábitos. Ese es el orden. Si sigues siendo la misma persona de antes, no llegarás a querer cambiar.

Yo te recomiendo que entiendas lo que vas a empezar a hacer: hazlo con un cómo y con un por qué. Verás que la consciencia lleva a la acción de forma inevitable (otro día hablaremos de ésto).

Y si un día decides saltarte un buen hábito, será con pleno conocimiento y responsabilidad de tu decisión. No será por “falta de voluntad”.

La toma de decisiones se vuelve más fácil y coherente cuando hay un conocimiento que la respalda. 

Gracias por estar ahí!

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