THE MONK WHO SOLD HIS FERRARI: A FABLE ABOUT FULFILLING YOUR DREAM & REACHING YOUR DESTINY, Robin S. Sharma, 1997

Seguimos!

hola, como todos hemos experimentado alguna vez, cambiar, en cualquier ámbito de la vida, es todo un reto. Nos lo proponemos, nos decidimos, empezamos y… en pocos días, abandonamos. Ese suele ser el proceso.

¿Por qué esa dificultad? En psicología existe un concepto clave: la resistencia al cambio. Hace referencia a la angustia emocional provocada por la perspectiva de una transformación o por el cambio, interior o exterior, que se está produciendo.

Nuestro cerebro siempre quiere lo mejor para nosotros. Y lo mejor para un cerebro de 150 000 años de antigüedad, es tu supervivencia. Ser conservador siempre ha sido una buena estrategia para estar seguro: lo conocido proporciona estabilidad y mayores probabilidades de superar otro día sin morir.

Desde esta perspectiva, se puede decir que cuando intentamos hacer grandes cambios en nuestra vida, estamos luchando contra toda nuestra propia historia evolutiva, que nos recomienda permanecer donde ya nos encontramos, sin arriesgar.

Es ese cerebro el que se encarga de registrar de manera bien profunda todos los “contras” de cambiar, ignorando los “pros”. Así, cuando intentamos avanzar en algún área de nuestra vida, surgen todos esos demonios internos en forma de excusas perfectamente elaboradas.

Al principio, la resistencia al cambio individual se analizaba como un problema de falta de motivación real. Sin embargo, ahora sabemos que cuando nos resistimos a cambiar es porque existen diferentes áreas problemáticas, profundas, que actúan como freno a la mejor de las intenciones de cambio. No es sólo miedo a cambiar, esa idea es reduccionista. Es mucho más complejo.

Al querer hacer cambios, afloran las creencias debilitantes y limitantes que nos impiden avanzar. Son creencias profundas, inconscientes, que guían de forma silenciosa y conservadora nuestra vida, y que nos impiden en última instancia florecer y brillar al máximo de nuestro potencial. Pero que nos mantienen seguros, en la famosa zona de confort, que es lo que nuestro cerebro desea.

La resistencia al cambio personal es una increíble oportunidad para bucear en nuestro interior. Nos permite mirarnos al espejo del alma y contrastar nuestros miedos más profundos.

Te recomiendo que cuando te propongas hacer alguna transformación, más allá de analizar tus creencias limitantes, analices también cómo gestionas mejor el cambio: si “a saco” o “pasito a pasito”.

En mi experiencia he observado que hay dos maneras muy diferentes de afrontar los procesos de cambio: una es dejando radicalmente la antigua práctica para pasar a la nueva experiencia y otra es ir dejándola poco a poco mientras te adaptas a la nueva situación.

Por ejemplo, hay gente que para dejar de fumar tiene que tirar todos sus cigarrillos y no volver a ver ni oler ninguno de la noche a la mañana, mientras que hay otras personas que tienen que ir disminuyendo poco a poco el número de cigarrillos que fuman al día hasta llegar a 0, e incluso entonces, seguir llevando una cajetilla en el bolsillo.

Y así, en todo lo demás que te puedas imaginar, relacionado con cualquier ámbito de la vida y con cualquier adicción a productos, sustancias o comportamientos -con sus matices en el caso de las drogas duras-: la alimentación, el trabajo, la pareja, las tecnologías, las redes sociales, los hábitos diarios,…

Te propongo: ponte a prueba, descubre en qué grupo estás tú. Siempre hay algo que cambiar, que mejorar. Empieza por lo más simple y experimenta.

Otro día, si te apetece, hablaremos de las creencias limitantes.

Gracias por estar ahí!

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